lunes, 9 de agosto de 2010

El turno de la corrupción

Nunca parece ser el momento adecuado. Siempre se las ingenian para que otro sea el desafío a enfrentar. La corrupción, esa epidemia nos atraviesa a diario, no distingue religiones, historias, etnias o geografías. Arremete sin piedad contra la moralidad de una sociedad. La invade y logra, con éxito por cierto, naturalizarse al punto de incorporarse a la rutina cotidiana, para ser socialmente aceptada en niveles tolerables.

1 comentario:

  1. Las causas profundas y fundantes de la corrupción, el hiperestado, en nuestro caso, fertilizadas por nuestra profunda vocación a la mala conducta que tenemos como pueblo.

    Una página de filosofía moral escrita por un periodista lúcido, es lo que podrán leer en el adjunto.

    ResponderEliminar