viernes, 14 de septiembre de 2012
Defraudados e impotentes
Una democracia tiene mecanismos institucionales para manejar el disenso y el consenso. Debería tenerlos. Un problema sin solución surge cuando un gobierno elegido suprime de hecho esos mecanismos para administrar el desacuerdo. Sólo le queda la imposición de un método y de una verdad, inapelables. El conflicto se agrava cuando desde el poder se arrincona a la sociedad (o a gran parte de ella) hasta que a ésta no le queda otro recurso que reunirse para hacer ruido con la enorme carga de su impotencia.
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